¿Puede una persona que falsea la verdad dirigir un gran periódico?

 

Moreno se explica… en ale­mán. Un ama­sijo de men­ti­ras y moral de capi­ta­lismo de rapiña 


 

Javier Moreno, muy dis­creto últi­ma­mente en la red Twit­ter, reco­men­daba el miér­co­les 21 de octu­bre a una segui­dora que estu­viera atenta al Frank­fur­ter All­ge­meine Zei­tung del día siguiente. ¿Iba a haber una gran nove­dad? La bomba resulta ser un petardo mojado, una entre­vista con el pro­pio Moreno. Se había negado a hablar con el corres­pon­sal en la penín­sula ibé­rica, Paul Ingen­daay, y le había deri­vado a un por­ta­voz que suplicó el ano­ni­mato. Pero tras la publi­ca­ción por el dia­rio ale­mán de una larga e intere­sante cró­nica, Moreno aceptó con­ver­sar con el perio­dista.

El resul­tado es un ama­sijo de men­ti­ras y de exhi­bi­ción de una moral pro­pia del capi­ta­lismo no ya de casino, sino de rapiña. Este es el tér­mino ade­cuado. Capi­ta­lismo de rapiña. Alguna de las men­ti­ras que­dará demos­trada docu­men­tal­mente antes de que acabe la lec­tura de esta nota. 

Moreno ini­cia los fue­gos arti­fi­cia­les con la siguiente afir­ma­ción: “Los pro­ble­mas eco­nó­mi­cos de El País no tie­nen nada que ver con los pro­ble­mas del grupo Prisa”. Nada. Ya se sabe. Hay quien piensa que, pues­tos a enga­ñar, la men­tira más gorda es la que mejor cuela. El grupo Prisa, impe­rio hoy nau­fra­gado de la mano de Juan Luis Cebrián, se ha cons­truido a par­tir de dos patas, El País y la edi­to­rial San­ti­llana.

El País ha gene­rado sólo en los últi­mos 12 años la frio­lera de 851,8 millo­nes de euros de bene­fi­cios.

El cálculo, del comité de empresa, no lo ha des­men­tido nadie. El grupo Prisa tiene hoy una deuda de 3.500 millo­nes de euros, como con­se­cuen­cia de una ges­tión sui­cida. Antes de que El País haya com­ple­tado un solo ejer­ci­cio sin bene­fi­cios quiere dejar en la calle a un ter­cio de la plan­ti­lla, 149 per­so­nas. ¿Y no tiene nada que ver? Hay que tener un ros­tro como el muro de un pan­tano.

El entre­vis­ta­dor pre­gunta si no se podían haber tomado antes medi­das de aho­rro. Moreno sólo piensa en des­pe­dir: “Para el comité de empresa de este perió­dico, cual­quier intento en esa direc­ción era un casus belli. Mien­tras tenía­mos bene­fi­cios era impo­si­ble des­pe­dir a nadie. Hemos pre­ju­bi­lado a algu­nos emplea­dos y les hemos sus­ti­tuido por jóve­nes. Eso es todo”.

Es una men­tira pura y sim­ple. Basta pin­char en el docu­mento de al lado. ¿Era impo­si­ble des­pe­dir a nadie? ¿Enton­ces cómo des­pe­dían? ¿Puede una per­sona que miente con tamaña des­ver­güenza diri­gir un perió­dico? Cues­tión de fondo.

El entre­vis­ta­dor quiere saber.

–“¿No encie­rra una parte de ver­dad el argu­mento de que con una frac­ción de los ingre­sos de Juan Luis Cebrián se podrían pre­ser­var una docena de empleos?

–Sí, eso se dice, pero se uti­liza muchas veces con inten­ción dema­gó­gica.

–Es una pre­gunta, no una cues­tión dema­gó­gica.

Moreno, enton­ces, con el valor que le es carac­te­rís­tico, pliega velas a todo correr y aclara quién es el enemigo: “No me refiero a su pre­gunta. El comité de empresa hace la com­pa­ra­ción de manera dema­gó­gica. El pre­si­dente del grupo Prisa no ingresa un euro de El País desde hace 20 años”.

A ver si lo hemos enten­dido. No es dema­gó­gico tener ingre­sos de 13 millo­nes de euros en un año (Moreno no esboza el mínimo des­men­tido) y amo­nes­tar a la plan­ti­lla de El País con un “no pode­mos seguir viviendo tan bien”. En cam­bio, es dema­gó­gico plan­tear que lle­varse de una empresa el dinero a espuer­tas resulta poco com­pa­ti­ble con una esca­be­china labo­ral como la que pre­ten­den Cebrián y Moreno. No cono­ce­mos los lími­tes de la estu­pi­dez humana. Pero está claro que aquí no anda­mos muy lejos.

Ingen­daay le pre­gunta por la cen­sura a una perio­dista del dia­rio y por sus tele­fo­na­zos ame­na­zan­tes a los corres­pon­sa­les inter­na­cio­na­les para que no se suma­ran a la reti­rada colec­tiva de fir­mas de la semana pasada. Sobre lo pri­mero, Moreno hace como que oye llo­ver. Sobre lo segundo, sos­tiene que “la reti­rada de fir­mas para ejer­cer una pre­sión colec­tiva es ile­gí­tima”. Lo que fal­taba. Desde la altura de sus prin­ci­pios y su auto­ri­dad pro­fe­sio­nal, Moreno nos dice lo que es y lo que no es legí­timo. Por si acaso, él no ha dedi­cado una línea en el perió­dico a infor­mar de que la redac­ción de The New York Times pre­pa­raba una pro­testa simi­lar.

¿Y qué más? Moreno anun­cia que no piensa jubi­larse, reitera que se debe a los due­ños y que la demanda de dimi­sión de la mayo­ría de la plan­ti­lla le deja frío y ase­gura que seguirá el frente del perió­dico.

Nada más impro­ba­ble. Cuando haya ulti­mado el tra­bajo sucio, sin un resi­duo de cré­dito per­so­nal y pro­fe­sio­nal ante la redac­ción, se des­em­ba­ra­za­rán de él como de un objeto usado e inser­vi­ble. Eso sí, en la lógica del capi­ta­lismo de rapiña, puede que la patada sea hacia arriba y con el riñón bien forrado. Al menos, eso es lo que espera él.

25-X-2012


 

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