El director de El País, en guerra abierta contra sus periodistas

 

Moreno adoc­trina y ser­mo­nea a la redac­ción. O como reba­sar los lími­tes del esper­pento

Sería hora de de dejar de hablar de Javier Moreno y de mirar más alto para enten­der la cri­sis de El País. Pero el direc­tor del dia­rio no da tre­gua. Mueve cada día las fron­te­ras de su pro­pio esper­pento para hacerlo más y más vasto.

El sábado por la tarde diri­gió a los perio­dis­tas del dia­rio una carta sin des­per­di­cio. El nom­bre del fichero que la con­tiene es “redacción3.docx”. Sugiere que ha nece­si­tado tres borra­do­res para cul­mi­nar su obra o para que Juan Luis Cebrián le dé su pater­nal apro­ba­ción. Pro­ba­ble­mente, las dos cosas.

Deje­mos hablar al pró­cer: “La pre­sen­ta­ción del expe­diente de regu­la­ción de empleo ha gene­rado reac­cio­nes cuyas con­se­cuen­cias es pre­ciso cali­brar con la aten­ción puesta en el futuro del perió­dico”. Es pre­ciso cali­brar las con­se­cuen­cias de las reac­cio­nes, no las del plan para des­man­te­lar la redac­ción y poner en la calle a 149 per­so­nas, de las que 110 son perio­dis­tas (un ter­cio del total).

“Como direc­tor de El País quiero (…) expre­sarte mi preo­cu­pa­ción por deter­mi­na­das accio­nes que algu­nos perio­dis­tas de la plan­ti­lla y cola­bo­ra­do­res del perió­dico han lle­vado a cabo o pre­ten­den hacer en los pró­xi­mos días”. Nótese la ele­gan­cia del estilo: “…Han lle­vado a cabo o pre­ten­den hacer…”.

“Me refiero a ini­cia­ti­vas que no tie­nen otra inten­ción que la de soca­var la cali­dad del dia­rio y dete­rio­rar gra­ve­mente el valor perio­dís­tico de la marca. Son cues­tio­nes como la reti­rada de fir­mas o la uti­li­za­ción abu­siva de colum­nas de opi­nión, al apli­car par­cia­les pun­tos de vista sobre un con­flicto que no afecta a los lec­to­res (…) El anun­cio de que miem­bros de la redac­ción repar­ti­rán en la calle este fin de semana a quie­nes com­pren el dia­rio una carta de pro­testa con­tra el ERE es un intento más de invo­lu­crar a los lec­to­res en un asunto que en nada les afecta”. ¡Ah! ¡Caramba! Echar de un perió­dico a 110 perio­dis­tas y a otras 39 per­so­nas no afecta “en nada” a los lec­to­res. Pro­tes­tar con­tra el atro­pe­llo equi­vale a “soca­var la cali­dad del dia­rio y dete­rio­rar gra­ve­mente el valor perio­dís­tico de la marca”.

La supre­sión de cua­tro cua­der­ni­llos de infor­ma­ción regio­nal (Anda­lu­cía, Comu­ni­dad Valen­cia, Gali­cia y País Vasco) para poder des­pe­dir al grueso de las cua­tro redac­cio­nes loca­les no afecta “en nada” a los lec­to­res. ¿Moreno dirige un perió­dico? ¿Pero cómo es posi­ble?

¿Y qué decir de la “uti­li­za­ción abu­siva de colum­nas de opi­nión”, cuyos auto­res parece que son libres hasta que rozan intere­ses del que paga? ¿Y cómo enten­der lo de “par­cia­les pun­tos de vista” cuando se conoce el dema­gó­gico tra­ta­miento que el dia­rio de Moreno ha des­ple­gado en sus pági­nas sobre el con­flicto?

“El País no se ha perm­tido hacer nada seme­jante en sus pági­nas, ni tam­poco la empresa a tra­vés de los nume­ro­sos medios con los que cuenta”. Lle­ga­mos a lo que comienza a pare­cer una de las espe­cia­li­da­des de Moreno, la men­tira pura y sim­ple, patente y com­pro­ba­ble.

El País ha mani­pu­lado de forma ver­gon­zosa todo lo que ha publi­cado en rela­ción al con­flicto. El comité de redac­ción, que repre­senta a la tota­li­dad de los perio­dis­tas, ha pro­tes­tado al menos en tres oca­sio­nes ante el direc­tor y ha cali­fi­cado los tex­tos del dia­rio sobre el con­flicto con los tra­ba­ja­do­res de “mani­pu­la­ción inad­mi­si­ble”, según consta en uno de sus comu­ni­ca­dos.

En cuanto a la men­ción a los “nume­ro­sos medios con los que cuenta” la empresa no es más que otro alarde de des­ver­güenza. Los “nume­ro­sos medios” han sido obli­ga­dos a ocul­tar una infor­ma­ción que reco­rre la prensa de medio mundo o a publi­car dis­fra­za­das como infor­ma­ción las notas pro­pa­gan­dís­ti­cas de la empresa. “En nada” afecta a los lec­to­res.

“Actua­cio­nes de este tipo cau­san un enorme daño a la ima­gen y a los prin­ci­pios y valo­res fun­da­cio­na­les de El País –entre ellos el más impor­tante, el res­peto a los lec­to­res–”. Es increí­ble, pero se refiere a las pro­tes­tas de los tra­ba­ja­do­res, no a la cínica mani­pu­la­ción infor­ma­tiva de la empresa. “Tras­la­dar el con­flicto al exte­rior dete­rio­rando la cre­di­bi­li­dad del dia­rio y de quie­nes son res­pon­sa­bles del mismo con­tri­buye a per­ju­di­car aún más la com­pli­cada situa­ción que sufre actual­mente nues­tra pro­fe­sión y desde luego entor­pece la buena volun­tad nego­cia­dora de las par­tes”. Otra cons­tante. El des­tino final es siem­pre… la ame­naza

Y pues­tos a ame­na­zar, lle­gue­mos hasta el final: a ver si encima os pone­mos a todos en la calle. “Cuan­tas acti­tu­des per­ju­di­quen al dia­rio en el ámbito pro­fe­sio­nal y no se limi­ten a los per­fi­les labo­ra­les del con­flicto no sólo no logra­rán mejo­rar las vías de solu­ción del mismo, sino que pue­den com­pro­me­ter la inde­pen­den­cia del pro­yecto y hasta su con­ti­nui­dad”. Como la plan­ti­lla no ha aplau­dido dócil­mente el plan de echar a la ter­cera parte a la calle, Moreno saca a pasear la hipó­te­sis del cie­rre del perió­dico. Sin que afecte “en nada”, es de supo­ner, a los lec­to­res.
 


 

¿Y cómo se le ha ocu­rrido a la empresa dejar en el paro a un ter­cio de la plan­ti­lla sin haber com­ple­tado un ejer­ci­cio de pér­di­das desde hace más de 30 años?. “Se trata de una medida impres­cin­di­ble para garan­ti­zar el futuro de El País y mejo­rar sus están­da­res de cali­dad en todos los sen­ti­dos”. Se des­pide a man­salva para mejo­rar los están­da­res de cali­dad. En todos los sen­ti­dos.

El final del men­saje es, abier­ta­mente, de fre­no­pá­tico. “Espero que entien­das esta carta como una genuina expre­sión de la con­fianza por mí depo­si­tada en todos y cada uno de los redac­to­res de EL PAÍS y en su com­pro­miso con lo que el perió­dico ha sig­ni­fi­cado desde su fun­da­ción”.

Hace unos días Rado­van Karad­zic, el car­ni­cero de Sre­bre­nica, mani­fes­taba ante el Tri­bu­nal Penal Inter­na­cio­nal de La Haya su dis­gusto por el hecho de que se le juz­gue, en vez de recom­pen­sarle. Moreno espera que, cuando haya ter­mi­nado de ases­tar el golpe de gra­cia a la plan­ti­lla de El País, con­mo­vi­dos, le demos las gra­cias

27-X-2012


 

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