Capitalistas de casino devoran periodistas

 

El dia­rio Frank­fur­ter All­ge­meine Zei­tung, con­si­de­rado el más impor­tante de Ale­ma­nia, publicó el 23 de octu­bre una cró­nica sobre la cri­sis de El País que merece la pena cono­cer. Más aún cuando el dia­rio de Prisa ha impuesto un cerro­jado infor­ma­tivo a sus lec­to­res y los artícu­los que difunde son mera pro­pa­ganda de la empresa edi­tora para des­acre­di­tar a sus tra­ba­ja­do­res. Frank­fur­ter All­ge­meine Zei­tung, de talante con­ser­va­dor y libe­ral, es un perió­dico muy influ­yente en medios eco­nó­mi­cos y cul­tu­ra­les.

La tra­duc­ción del artículo del dia­rio ale­mán, fir­mado por su corres­pon­sal en la penín­sula ibé­rica, cir­cula de mano en mano y por la Red. Como la con­si­de­ra­mos de inte­rés público, la damos a cono­cer aquí.

(Ver­sión corre­gida. A causa de un error téc­nico, fal­taba el último párrafo, muy rele­vante. 24-X-2012, 21.20).
 

Capi­ta­lis­tas de casino devo­ran perio­dis­tas

El País, el mayor dia­rio de España, pre­tende des­pe­dir a un ter­cio de la plan­ti­lla, aun­que aún gana dinero. Lo impone el grupo matriz, Prisa, muy endeu­dado. Así des­apa­rece una ins­ti­tu­ción.

Por Paul Ingen­daay

Han con­tado ya con fre­cuen­cia aque­lla escena del 6 de octu­bre, pero no les importa vol­ver a repe­tirla. El comité de empresa de El País, 18 per­so­nas, fue con­vo­cado en una sala donde iba a cono­cer los pla­nes del perió­dico. Allí esta­ban Juan Luis Cebrián, pre­si­dente de El País y res­pon­sa­ble de la empresa edi­tora, y a cierta dis­tan­cia el direc­tor del perió­dico, Javier Moreno, anti­guo corres­pon­sal del rota­tivo en Ale­ma­nia. No se sen­ta­ban alre­de­dor de una mesa de con­fe­ren­cias, habría sido dema­siado igua­li­ta­rio. Los miem­bros del comité de empresa tuvie­ron que sen­tarse enfrente, en dos filas. Se sue­len recor­dar este tipo de deta­lles cuando la fecha es impor­tante. Y aque­lla iba a serlo sin nin­guna duda, para algu­nos de ellos. Fue el día en que la geren­cia de El País, el mayor dia­rio de España, comu­nicó a los repre­sen­tan­tes de los tra­ba­ja­do­res que iba a des­pe­dir a una ter­cera parte de la plan­ti­lla. El que man­tenga el puesto de tra­bajo deberá arre­glár­se­las con un 15% de reduc­ción de sala­rio.

Tam­poco era una noti­cia que cogiera a nadie com­ple­ta­mente por sor­presa. Desde el mes de abril pla­neaba sobre el perió­dico la ame­naza de un ERE (expe­diente de regu­la­ción de empleo), un pro­ceso legal reglado cuya reforma per­mite a las empre­sas en España apli­car des­pi­dos masi­vos y reba­jas de las indem­ni­za­cio­nes. En eso esta­ban. 149 emplea­dos, nada menos, deben mar­charse. El legen­da­rio perió­dico de España, el sinó­nimo de la tran­si­ción a la demo­cra­cia, el joven dia­rio de la rup­tura y de la moder­ni­dad, se encuen­tra ante el más duro recorte de sus 36 años de his­to­ria.

A lo largo de aquel encuen­tro de media hora con el comité de empresa se fue­ron des­gra­nando las con­sa­bi­das fór­mu­las de garan­ti­zar la super­vi­ven­cia. “No pode­mos seguir viviendo tan bien”, dice Juan Luis Cebrián, del que se ase­gura que en 2011 ingresó a título de sala­rio y de pri­mas y sobre­suel­dos 13 millo­nes de euros. Y natu­ral­mente todos los demás, que ganan menos que él, se pre­gun­tan: “¿Quié­nes, no pode­mos?”

El direc­tor del dia­rio tam­bién tomó la pala­bra. El recorte es “dolo­roso”, dice Javier Moreno, pero está con­ven­cido de que la redac­ción, igual que en situa­cio­nes ante­rio­res, “sacará lo mejor de sí misma” para que El País se man­tenga como “el dia­rio de refe­ren­cia en len­gua espa­ñola”. Esto de su hege­mo­nía mun­dial en espa­ñol es recu­rrente. Antes se defi­nía El País en el sub­tí­tulo de la cabe­cera como “dia­rio inde­pen­diente de la mañana”, pero dejaba que desear desde una pers­pec­tiva uni­ver­sal. “El perió­dico glo­bal en espa­ñol”, reza hoy la cabe­cera del rota­tivo.

Glo­ba­les son, desde luego, las deu­das del grupo matriz, Prisa, sin cuyos desas­tro­sos nego­cios no se podría enten­der el hachazo que se pre­para. Ade­más de El País, Prisa, el mayor con­glo­me­rado de medios de comu­ni­ca­ción de España, posee el grupo edi­to­rial San­ti­llana, el dia­rio eco­nó­mico Cinco Días, el depor­tivo As, par­ti­ci­pa­cio­nes en tele­vi­sio­nes y la emi­sora de radio de mayor audien­cia, la cadena Ser. Muchos de ellos son defi­ci­ta­rios, mien­tras El País desde su cuarto año de exis­ten­cia siem­pre ha obte­nido bene­fi­cios.

El nego­cio de la tele­vi­sión por saté­lite, Soge­ca­ble (que ha cos­tado unos 2.000 millo­nes de euros), y la adqui­si­ción a ele­vado pre­cio de los dere­chos de retrans­mi­sión de fút­bol a escala pla­ne­ta­ria, deja­ron a Prisa en los años pre­vios a la cri­sis con una deuda que llegó a alcan­zar los 5.000 millo­nes de euros. Sólo el año pasado, Prisa cerró el ejer­ci­cio con unas pér­di­das de 451 millo­nes. En medio de una pro­funda cri­sis, que ame­naza con arras­trar todo lo demás, Liberty Acqui­si­tion Hol­ding se con­vir­tió en 2010 en accio­nista prin­ci­pal de Prisa. 

Trans­for­ma­cio­nes en la era digi­tal

Toda­vía lo tengo en los oídos. Hace dos años, en un soleado día de sep­tiem­bre, escu­ché al prin­ci­pal res­pon­sa­ble de Prisa, Juan Luis Cebrián, en el cuar­tel gene­ral de la com­pa­ñía: “Esta­mos viviendo la trans­for­ma­ción de una empresa fami­liar en una firma glo­bal”. Nico­las Berg­gruen, con una camisa blanca abierta, escu­chaba con aten­ción. “Nin­guna fami­lia”, pro­si­guió Cebrián, “tiene hoy los recur­sos para resis­tir en el campo de juego de la com­pe­ten­cia inter­na­cio­nal”.

En la prác­tica ya no se trata de una fami­lia. Jesús Polanco, el inte­li­gente hom­bre de nego­cios y patriar­cal fun­da­dor de Prisa, hace ya cinco años que murió. Desde enton­ces Cebrián lleva la voz can­tante. Podría ase­gu­rarse que nadie com­prende real­mente las impli­ca­cio­nes finan­cie­ras y téc­ni­cas de la par­ti­ci­pa­ción de la socie­dad de Nico­las Berg­gruen. Lo único claro es que si un des­ta­cado fondo de inver­sión esta­dou­ni­dense entra con 650 millo­nes de euros en un grupo Prisa extre­ma­da­mente debi­li­tado, seguro que espera obte­ner algo a cam­bio.

Natu­ral­mente Cebrián tam­poco se ha ido de vacío de la ope­ra­ción. Ahora piensa que la redac­ción “no puede seguir viviendo tan bien” y que la estruc­tura de cos­tes debe ser ajus­tada a los tiem­pos. ¿O al revés? Para el año 2012 Cebrián, según algu­nas fuen­tes, se ha adju­di­cado unas pri­mas y sobre­suel­dos un 30% supe­rio­res. El man­da­más de Prisa piensa, por otra parte, que los perio­dis­tas de más de 50 años no están pre­pa­ra­dos para la era digi­tal. Él cum­plirá a fina­les de mes 68 años. 

Ante un des­pido masivo

Tam­bién merece la pena dete­nerse en la lista, los folios en los que figu­ran las 149 per­so­nas que van a ser des­pe­di­das. Se atri­buye su con­fec­ción al direc­tor, Javier Moreno. Manuel Gon­zá­lez, pre­si­dente del comité de empresa, está seguro de que es así. Otros perio­dis­tas, que pre­fie­ren man­te­ner el ano­ni­mato, lo con­fir­man: Moreno ha hecho la lista. Algu­nos nom­bres de con­de­na­dos han tras­cen­dido, pero antes de que el daño fuera mayor, el comité de empresa hizo algo muy razo­na­ble. Llevó a la reunión a un nota­rio, que se hizo cargo del sobre y se lo llevó, para que el cono­ci­miento de los redac­to­res que van a ser des­pe­di­dos no pueda uti­li­zarse como una cuña para rom­per la uni­dad de la plan­ti­lla. Los nom­bres, la mayo­ría en cual­quier caso, per­ma­ne­cen secre­tos.

Cuando haya pasado un mes, el 8 de noviem­bre, la geren­cia de El País comu­ni­cará la deci­sión a los afec­ta­dos. Hasta esa fecha, el comité de empresa espera parar los des­pi­dos masi­vos. “Si esto no se mueve, vamos a recu­rrir de manera indi­vi­dual y colec­tiva”, señala Manuel Gon­zá­lez. “Pode­mos demos­trar que El País es ren­ta­ble”.

Nues­tros inten­tos por obte­ner decla­ra­cio­nes o comen­ta­rios del direc­tor Moreno o de algún res­pon­sa­ble de la empresa resul­ta­ron infruc­tuo­sos. Se puso al telé­fono un por­ta­voz e intentó expli­car­nos que los des­pi­dos son nece­sa­rios “para pre­pa­rar el perió­dico para el futuro”. “¿Tan­tos?”, le pre­gun­ta­mos. “¿149 per­so­nas?” Y se hizo el silen­cio. No debe ser fácil tener que expli­car lo inex­pli­ca­ble, desde la pers­pec­tiva social y la tra­di­ción libe­ral y de izquier­das del dia­rio El País. El por­ta­voz de la empresa no que­ría ver publi­cado su nom­bre. “Por los cole­gas, ¿sabes?”.

El comité de empresa no se ha que­dado parado e informa en la Red de sus accio­nes. Durante estos días, bas­tante más de la mitad de la redac­ción par­ti­cipa en las asam­bleas. Se palpa la preo­cu­pa­ción. Tam­bién la rabia por una ges­tión que, en opi­nión de muchos perio­dis­tas, no solo ha trai­cio­nado los idea­les, sino tam­bién la idea de nego­cio del rota­tivo. Una vez tuvo un nom­bre: perio­dismo de cali­dad.

Núme­ros negros a pesar de la cri­sis

La mejor sín­te­sis la ha hecho el artículo El País y el capi­ta­lismo de casino que estos días cir­cula pro­fu­sa­mente. Apa­re­ció en el digi­tal eldiario.es. Su autor, el perio­dista cata­lán Pere Rusi­ñol, tra­bajó en El País durante 10 años y publica ahora la revista satí­rica Mon­go­lia. Rusi­ñol cuenta la his­to­ria de una ges­tión de caída a plomo, en la que Juan Luis Cebrián juega un papel cen­tral.

No se trata solo de que el res­pon­sa­ble empre­sa­rial de Prisa haya pro­fe­ti­zado desde hace tiempo el hun­di­miento de los perió­di­cos impre­sos. Ade­más, ha con­ver­tido en una pelota de juego de Wall Street una de las mar­cas perio­dís­ti­cas espa­ño­las de más éxito, ha enca­be­zado el declive del grupo Prisa y encima se ha enri­que­cido con todo ello. 

Es algo difí­cil de reba­tir. La acción de Prisa, que llegó a coti­zar a casi 20 euros, se ha des­plo­mado hasta unos 30 cén­ti­mos. Por el con­tra­rio, El País, de cuyas cajas el grupo Prisa se ha lle­vado 35 millo­nes de euros en los últi­mos años para tapar agu­je­ros, fue siem­pre el núcleo del nego­cio y una his­to­ria de éxito. Desde 2004 hasta 2007, los bene­fi­cios anua­les antes de impues­tos osci­la­ron entre 100 y 143 millo­nes de euros. Más tarde, se segregó el depar­ta­mento de publi­ci­dad del dia­rio, de modo que las ganan­cias se redu­je­ran. Pero incluso en los actua­les meses de cri­sis siguió habiendo bene­fi­cios. Desde su fun­da­ción, según el comité de empresa, El País ha gene­rado unos bene­fi­cios de alre­de­dor de 850 millo­nes de euros. 

Es esta his­to­ria de éxito la que la redac­ción no está dis­puesta a dar por muerta. ¿Por qué debe­ría sacri­fi­carse y hacer peni­ten­cia por los erro­res de la direc­ción de la empresa? Es como si se hubiera incum­plido por una de las par­tes el pacto que brin­daba a los perio­dis­tas el sen­ti­miento de tra­ba­jar para el mejor perió­dico de España. Quizá ha lle­gado real­mente el punto de infle­xión. Lo que vaya a ocu­rrir a par­tir de ahora en el dia­rio más pres­ti­gioso del país cuando falte casi un ter­cio de la redac­ción entra en el terreno de la adi­vi­nanza.

Con los ingre­sos anua­les de Cebrián se podría pagar a unas doce­nas de perio­dis­tas. Es el comen­ta­rio entre aque­llos que quizá se que­den en la calle pronto. La indig­na­ción es patente, salta a la vista y se ha refle­jado en vota­cio­nes de la plan­ti­lla. De las 431 per­so­nas con dere­cho a voto, 303 vota­ron a favor de la repro­ba­ción de Cebrián como res­pon­sa­ble de la empresa, y 236 apro­ba­ron pedir la dimi­sión del direc­tor, Javier Moreno. 

Tam­bién en las pági­nas del perió­dico se ha expre­sado la pro­testa. Muchos colum­nis­tas han tomado par­tido por la ame­na­zada redac­ción. El humo­rista grá­fico For­ges sumó su viñeta a la pro­testa con un juego de pala­bras que con­te­nía un evi­dente men­saje de soli­da­ri­dad. Es como en los tiem­pos de Franco, cuando la expre­sión indi­recta y en clave se con­ver­tía en una forma de arte perio­dís­tico. El pasado vier­nes apa­re­cie­ron muchos artícu­los en el perió­dico sin la firma de sus auto­res. Y no era la pri­mera vez. El País deci­dió comen­tar la revuelta de los perio­dis­tas, pero desde el par­ti­cu­lar punto de vista de la empresa, muy en la línea del direc­tor, que inter­preta la huelga de fir­mas como una infrac­ción grave del libro de estilo del dia­rio.

Un ele­mento iró­nico de este drama es que, sobre todo desde Inter­net, que fue con­si­de­rado en años recien­tes una ame­naza para el impe­rio del papel, se ana­li­cen los actua­les acon­te­ci­mien­tos sin temor y sin des­canso. Foros de Inter­net, redes socia­les y jóve­nes sitios en la Red como voz­pó­puli dan la impre­sión de ser los úni­cos que toda­vía no han tirado por la borda el ideal de la opi­nión con sen­tido crí­tico. Quien quiera leer algo sobre los des­pi­dos masi­vos en El País des­cu­brirá que en los medios impre­sos no existe prác­ti­ca­mente nin­guna hue­lla.

Como un rebaño de ove­jas asus­ta­das rodeando al car­ni­cero, los perió­di­cos espa­ño­les se han con­cen­trado en torno a los ban­cos, acree­do­res cuya influen­cia es visi­ble ya en gran parte de los medios impre­sos. Espe­ran en silen­cio el turno del siguiente para el mata­dero. Incluso los adver­sa­rios ideo­ló­gi­cos del pasado, con cuyos ata­ques se podía con­tar siem­pre, ahora callan. Quizá temen que mañana les toque a ellos. 

Texto ori­gi­nal en el sitio del ‘Frank­fur­ter All­ge­meine Zei­tung’.

Una larga lista de medios inter­na­cio­na­les cuen­tan lo que El País oculta a sus lec­to­res.


 

Cómo evi­tar la publi­ci­dad
inva­siva en Inter­net
¿Está abo­nado y no recibe
nues­tros men­sa­jes?

 


¿Le interesa? ¡Pón­galo en cir­cu­la­ción!

Sobre el Autor