El País es incapaz de producir
un texto medianamente coherente
para justificar los 129 despidos

 

Uno ya no sabe que bidón o qué cis­terna emplear para aco­ger el vómito cada vez que El País de Juan Luis Cebrián y Javier Moreno pro­duce algo rela­cio­nado con la depu­ra­ción de la plan­ti­lla de la empresa y el des­pido de casi un ter­cio de los tra­ba­ja­do­res, 129 per­so­nas (cifra defi­ni­tiva). Uno ya no sabe cómo domi­nar el asco y la repul­sión que pro­vo­can tanta y tanta acu­mu­la­ción de pis­to­le­rismo argu­men­tal. Pero no hay más reme­dio que seguir ade­lante.

El dia­rio publica el domingo, 11 de noviem­bre, al día siguiente de haber comu­ni­cado la lista final de des­pe­di­dos, un largo texto pro­pa­gan­dís­tico titu­lado A nues­tros lec­to­res, que ocu­pará sin duda un lugar rele­vante en la anto­lo­gía de la insi­dia. En el perió­dico apa­rece junto a la página de edi­to­ria­les, pero fuera de ella. En la web, bajo el epí­grafe “tri­buna”. ¿Un dia­rio se comu­nica con sus lec­to­res mediante tri­bu­nas? No, lo hace mediante edi­to­ria­les. La tri­buna es un espa­cio de opi­nión cedido a ter­ce­ros. ¿Enton­ces? Como han hecho notar algu­nos redac­to­res, se trata de bur­lar el artículo 7 del Esta­tuto de la Redac­ción, en vir­tud del cual un número sufi­ciente de perio­dis­tas puede refu­tar un edi­to­rial. Pues­tos a bur­lar, se burla todo. 

Un panfleto anónimo en El País

El texto es un com­pen­dio de gans­te­rismo ter­mi­no­ló­gico y con­cep­tual, un encadena- miento de men­ti­ras habi­tua­les. ¿Fue Goe- bbles el que dijo que la men­tira repe­tida hasta la sacie­dad…?

Las razo­nes para tan drás­tico y dolo­roso ajuste de plan­ti­lla resi­den no sólo en la pro­fun­dí­sima cri­sis eco­nó­mica por la que atra­viesa el mer­cado, sino tam­bién y sobre todo en el cam­bio radi­cal que está expe- rimen­tando el sec­tor, como con­se­cuen­cia de la implan­ta­ción de las nue­vas tecno- logías”. Falso. La razón fun­da­men­tal es la ruina a la que ha lle­vado el grupo Prisa su pre­si­dente, Juan Luis Cebrián, que deja sin el mínimo mar­gen de manio­bra a la empresa des­pués de haber bom­beado más de 850 millo­nes de euros de bene­fi­cios en los últi­mos 12 años. ¿O es que las nue­vas tec­no­lo­gías per­mi­ten hacer perió­di­cos sin perio­dis­tas?

El diario “ha anunciado pérdidas”

Por pri­mera vez en su his­to­ria, El País ha anun­ciado pér­di­das”. Es el colmo de la des­fa­cha­tez. Como ha “anun­ciado pér­di­das” se tira por la ven­tana a casi un ter­cio de la plan­ti­lla. Lo que con­firma la afir­ma­ción del párrafo ante­rior. En cuanto ha dejado de ser la máquina de fabri­car dinero, Cebrián y Moreno se han aba­lan­zado sobre el perió­dico para corre­gir el rumbo a hachazo lim­pio.

Dia­rios de refe­ren­cia en todo el mundo, como The New York Times, Le Monde o The Guar­dian expe­ri­men­tan idén­ti­cas ten­den­cias y han sufrido recor­tes sala­ria­les y de per­so­nal simi­la­res a los anun­cia­dos por El País”. Men­tira. ¿Alguien puede sos­te­ner en serio que alguno de los dia­rios cita­dos ha liqui­dado un ter­cio de la plan­ti­lla el mismo año que ha “anun­ciado pér­di­das”?. Sin hablar del tajo sala­rial del 13% impuesto por las bra­vas (des­pués de otro de casi el 10% pac­tado hace no muchos meses). Por poner un ejem­plo, The New York Times lleva 20 meses nego­ciando una reduc­ción de sala­rios. Sin acuerdo, de momento. 

En el caso de Le Monde, la redac­ción, que era pro­pie­ta­ria del perió­dico desde la fun- dación del mismo hace más de medio si- glo, per­dió la mayo­ría a par­tir de sus nece- sida­des de reca­pi­ta­li­za­ción”. Y esto, ¿qué demo­nios tiene que ver con poner en la ca- lle y con­de­nar al paro a 129 per­so­nas, in- cluido un cen­te­nar de perio­dis­tas?

Otras cabe­ce­ras cen­te­na­rias, como el Chris­tian Science Moni­tor, o míti­cas, como la revista News­week, han echado el cie­rre a sus edi­cio­nes en papel”. ¿Pero quién es el pobre maja­dero al que le han endo­sado la redac­ción de este bodrio? El dia­rio Chris­tian Science Moni­tor se pasó a la Red en 2009. Desde enton­ces, ¿no hay nada que lle­varse a la boca como argu­mento? En cuanto al sema­na­rio News­week, sus pro­ble­mas deri­van de una polí­tica de expan­sión inter­na­cio­nal des­ca­be­llada que ha aca­bado por cos­tarle muy cara. Como a la Prisa de Cebrián, sin ir más lejos. 

Prensa extranjera, falta de rigor

Nume­ro­sos perió­di­cos y agen­cias extran­je­ras se hicie­ron cargo del con­flicto [en El País], pero sólo los corres­pon­sa­les de algu­nos de ellos (The New York Times, Fran­kur­ter All­ge­meine Zei­tung, Le Monde, The Guar­dian, Der Spie­gel y la BBC) reca­ba­ron la ver­sión de la empresa o de la direc­ción del perió­dico, limi­tán­dose los demás a repro­du­cir los argu­men­tos del comité sin­di­cal, y poniendo de relieve que el des­censo de la cali­dad y el rigor infor­ma­tivo no es una enfer­me­dad exclu­si­va­mente espa­ñola”.

Entra­mos en el apar­tado de deli­rium tre­mens. Tras haber man­te­nido una polí­tica infor­ma­tiva pro­pia de los años más negros del par­tido único fran­quista y haber con­ver­tido sus pági­nas en tri­buna exclu­siva de los argu­men­tos de la empresa, El País de Cebrián y Moreno se queja de que “sólo los corres­pon­sa­les de algu­nos” dia­rios extran­je­ros “reca­ba­ron la ver­sión de la empresa”. Los que se han cis­cado en cada opor­tu­ni­dad que han tenido en los valo­res del equi­li­brio y la ecua­ni­mai­dad de la infor­ma­ción, para con­ver­tirla en sim­ple pro­pa­ganda, denun­cian el “des­censo de la cali­dad y el rigor infor­ma­tivo” de la prensa inter­na­cio­nal. Y eso tras haber escrito que “nume­ro­sos perió­di­cos y agen­cias extran­je­ras se hicie­ron cargo del con­flicto“

Lo que viene a con­ti­nua­ción ya es de paciente fugado de un mani­co­mio. El País acaba de repro­char a la prensa inter­na­cio­nal falta de cali­dad y de rigor infor­ma­tivo. Y a ren­glón seguido escribe: “Una vein­tena de cola­bo­ra­do­res del dia­rio, entre ellos varios de gran renom­bre e influen­cia, se suma­ron tam­bién a la pro­testa, con el espe­cioso argu­mento de que había una ame­naza de cen­sura o de pér­dida de inde­pen­den­cia de la redac­ción; uno de dichos cola­bo­ra­do­res deci­dió no enviar su artículo sema­nal y otro ha pre­fe­rido reti­rarse del perió­dico de manera más per­ma­nente”. En aras de la cali­dad y el rigor infor­ma­tivo, no se da un solo nom­bre. Puede que el lec­tor de El País acabe ente­rán­dose que entre la trein­tena de cola­bo­ra­do­res que se suma­ron a la pro­testa figu­ra­ban desde un pre­mio Nobel de Lite­ra­tura, Mario Var­gas Llosa, hasta Maruja Torres; desde Anto­nio Muñoz Molina a Javier Marías. Puede que acabe ente­rán­dose, pero no será a tra­vés de El País. 

El ‘especioso’ argumento de la censura

¿Y qué decir del “espe­cioso argu­mento de que había una ame­naza de cen­sura”? ¿Una ame­naza? La columna Por­tera de día, de la perio­dista Luz Sánchez-Mellado, levan­tada del perió­dico por orden de Javier Moreno el sábado 13 de octu­bre, des­pués de haber con­mi­nado sin éxito a la autora a que la modi­fi­cara, ¿es ame­naza de cen­sura o cen­sura pura y sim­ple? ¿Las indi­ca­cio­nes al his­to­ria­dor San­tos Juliá para que supri­miera dos fra­ses de su artículo del domingo 28 de octu­bre, ¿no son cen­sura pura y sim­ple? ¿Y quie­nes son el cola­bo­ra­dor que deci­dió “no enviar su artículo sema­nal” y el que “ha pre­fe­rido reti­rarse del perió­dico de manera más per­ma­nente”. El des­di­chado plu­mí­fero redac­tor del vomi­tivo texto no nos lo dice, sin duda en aras de la cali­dad y el rigor infor­ma­tivo que tanto se echa en falta en la prensa inter­na­cio­nal.

Viene a con­ti­nua­ción una ver­bo­rreica dia­rrea de con­si­de­ra­cio­nes inanes sobre las pro­tes­tas de los tra­ba­ja­do­res, que son “rui­do­sas”, y sobre la com­po­si­ción accio­na­rial del mon­tón de escom­bros en que Juan Luis Cebrián ha con­ver­tido el grupo Prisa. El valor de cuyos títu­los, como es sabido, ha logrado divi­dir por 39 desde el falle­ci­miento de Jesús Polanco en julio de 2007. 

Y varias parra­fa­das más dedi­ca­das a expla­nar las garan­tías de la inde­pen­den­cia de los perio­dis­tas, entre ellas el Esta­tuto de la Redac­ción. El pro­pio texto de El País, como ya se ha dicho, es una burla mani­fiesta de ese Esta­tuto. Oculta su carác­ter de edi­to­rial para que no pueda ser impug­nado. Es el mejor ejem­plo de que todas esas garan­tías han aca­bado con­ver­ti­das con el tiempo en papel mojado para uso auto­pro­pa­gan­dís­tico de Cebrián y com­pa­ñía. El mismo Cebrián, en el colmo de la sober­bia y del insulto a la inte­li­gen­cia de los perio­dis­tas y de los lec­to­res, obliga a incluir un párrafo del siguiente tenor: “Todas estas medi­das de for­ta­le­ci­miento de la inde­pen­den­cia, ten­den­tes a garan­ti­zar la sol­ven­cia moral del dia­rio, se imple­men­ta­ron en su día por influen­cia y deci­sión del pri­mer direc­tor y de los fun­da­do­res del mismo, no por deman­das que pro­vi­nie­ran de la pro­pia redac­ción”. Se pro­te­gía a los pobre­ci­tos perio­dis­tas sin que ellos lo hubie­ran soli­ci­tado siquiera. 


 

Conspiraparanoia

¿Y enton­ces, de dónde llue­ven las crí­ti­cas y las mues­tras de indig­na­ción? Cebrián y sus sica­rios lo tie­nen claro: “intere­ses nunca decla­ra­dos”, “dema­go­gia popu­lista”, “ten­den­cias liber­ta­rias de muchos de quie­nes ocu­pan las redes socia­les”, “insi­dia que mana del fra­caso de algu­nos com­pe­ti­do­res”, “la envi­dia y los celos de deter­mi­na­dos pro­fe­sio­na­les”. Sólo falta gri­tar, brazo en alto, desde la almena más alta del cas­ti­llo de La Mota: “Y el que no esté de acuerdo, que se vaya a Rusia”. 

Para ter­mi­nar, un des­ta­cado reza en grue­sos carac­te­res: “El País tam­poco per­te­nece a los redac­to­res del dia­rio [eso ya lo sabía­mos], sino a sus lec­to­res”.

¿Pero quién es el pobre tipo al que han encar­gado regur­gi­tar este engren­dro? ¿El País per­te­nece a los lec­to­res? ¿Se han repar­tido con ellos los ingen­tes bene­fi­cios? Debe ser ese el motivo por el que el direc­tor acci­den­tal, Javier Moreno, pre­gun­tado hace una sema­nas por el comité de redac­ción si pen­saba dimi­tir, como había recla­mado por amplia mayo­ría una asam­blea de tra­ba­ja­do­res, con­testó lo siguiente: “No voy a dimi­tir. Tengo el res­paldo pleno del con­sejo de admi­nis­tra­ción del perió­dico y del grupo, que son ante los que res­pondo de mi ges­tión, y la asam­blea no es órgano donde se pueda pedir mi dimi­sión ni la de nadie”. De manera que El País per­te­nece a sus lec­to­res.

La putre­fac­ción ha alcan­zado tal grado que ya no son capa­ces de hilar tres folios con apa­rien­cia, sólo apa­rien­cia, media­na­mente sopor­ta­ble.

11-XI-2012

 


 

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