Periodistas vascos que han tenido que trabajar durante años
protegidos por escoltas, despedidos con un mensaje electrónico

El director, Javier Moreno (foto), y el resto del equipo directivo de El País, han dado una lección de estilo per- sonal y de altura profesional durante el despido de 129 personas. La redacción del País Vasco ha quedado des- guazada. Periodistas que han estado en primera línea de la amenaza terrorista y la han sufrido en carne pro- pia, que han tenido que ir a trabajar cada día con escol- ta, han sido expulsados de la plantilla mediante un men- saje de correo electrónico. Nadie se ha dignado darles siquiera un telefonazo. El vídeo, de PR Noticias, merece la pena completo. Pero allá por el minuto 1.45 el testi- monio de Isabel Martínez produce escalofríos y una in- tensa vergüenza ajena.
¡Fuera caretas! Cebrián, antes periodista, ahora es liquidador por cuenta de un fondo buitre Desde hace algunos años Juan Luis Cebrián oficia de piloto de la nave Prisa. En sus manos está la barra del timón. Y tiene claro el rumbo. ¡A toda máquina! ¡Contra los acantilados!
Cuando falleció Jesús Polanco, en julio de 2007, la acción de Prisa cotizaba por encima de 12,5 euros. La semana pasada cerró a 32,5 céntimos. Por el precio de un periódico (1,30 euros) pueden comprarse cuatro acciones. Cebrián ha arruinado a los accionistas, ha evaporado el patrimonio de la familia Polanco, ha destruido miles de puestos de trabajo, ha deteriorado el funcionamiento de empresas económicamente florecientes y socialmente relevantes, ha sepultado el grupo bajo el peso de una deuda inverosímil y probablemente condenada al impago y ha dejado de hecho el control en manos de un fondo buitre estadounidense que gana dinero y percibe intereses aunque el grupo coseche pérdidas y los accionistas vean volatilizarse el valor de sus títulos.
Muchos actores de la corrompida economía financiera contemporánea han hecho alguna de estas cosas o incluso varias. Pero sería muy difícil encontrar un ejemplo semejante de alguien que las haya completado todas a la vez y, de paso, se haya enriquecido a la vista de todos y sin el menor escrúpulo. El verdadero dueño de Prisa es hoy el fondo buitre Liberty. Buitre, porque se alimenta de carroña. Consigue una espléndida retribución, como si fuera un prestamista, y además ejerce el poder a título de accionista. Gana siempre. Para rentabilizar la inversión, despidos masivos y demoliciones. Si no funciona, se venderá todo por piezas. El ideal es combinar ambas fórmulas. A cambio de 650 millones de euros espléndidamente retribuidos (haya pérdidas o ganancias), Nicolas Berggruen, el muñidor de Liberty, es el verdadero dueño y señor de Prisa. Cebrián no ejerce ahora más que de cómplice y testaferro. El resto de los accionistas no pinta nada y los bancos tocan madera a la espera de una improbable recuperación de su dinero. Mientras, consiguen réditos informativos, en forma de escandalosos favores en las páginas del diario. ¿Cómo se ha podido llegar hasta aquí? Un endeudamiento descabellado, contraído para jugar en el capitalismo de casino, condena a las empresas de Prisa a producir beneficios cuyo único destino es retribuir a Berggruen y los suyos y liquidar intereses a los bancos. El fardo aplastante de la deuda priva a las compañías del más mínimo margen de maniobra. En cuanto deja de fluir el chorro de los beneficios, un tercio de la plantilla a la calle, como pretenden hacer en El País. Cebrián lleva mucho tiempo haciendo de prestidigitador y manipulando la realidad sin que le tiemblen la voz ni el pulso. Todos los que asistimos en 2010 a una reunión explicativa sobre el futuro de Prisa en la cuarta planta del periódico recordamos las palabras de un presidente risueño y que se presentaba, una vez más, como garante de la integridad del grupo y de El País. “Hay un error de fondo, un error de bulto”, aseguraba. “Se está hablando de que Liberty compra Prisa. No. Nada de eso. Nosotros compramos Liberty”. Esta desfachatez sin paliativos parece que se ha convertido en una segunda piel del personaje. En la reunión de hace unas semanas con directivos de El País, en la que preparó el terreno para el plan de despedir a un tercio de la plantilla, volvió a alzarse como muralla frente a la iniquidad. Recordó que había sido hace años consejero del diario británico The Independent. “Ahora”, dijo, “está en manos de un mafioso ruso. Jamás permitiré que El País caiga en manos semejantes”. Ejemplar declaración en boca del hombre que vendió la cadena de televisión Cuatro a Silvio Berlusconi. La iniquidad imaginaria, el mafioso ruso, hace de cortina de humo para intentar ocultar la iniquidad real, el político-delincuente italiano o el plan para desmantelar la redacción de El País. Muchos hemos conocido a Cebrián como periodista, brillante, uno de los grandes de su generación. Queda el misterio. ¿Cual es el recorrido desde el periodismo a esa especie de tiburón de bidé, de piraña financiera en que se ha convertido el personaje? Quizá algún día alguien consiga explicarlo. Otro enigma, el afán autodestructor. Eso sí, en cabeza ajena, porque él está desde hace mucho tiempo en otra dimensión, la borrachera del poder y del dinero. Cebrián ha dedicado parte de su tiempo en los últimos años a denigrar los periódicos y a los periodistas. ¿Cómo interpretan los psicoanalistas y los psiquiatras el odio que uno se profesa a sí mismo o al lugar de donde viene? Uno de los últimos ejemplos, una entrevista en la revista en línea Jotdown, en marzo pasado: “Esto de la prensa, tal y como lo conocíamos, se ha acabado. No que se va a acabar; que se ha acabado ya”. Cebrián adopta abiertamente el criterio del pijo cretinoide para pegar fuego al negocio que le ha encumbrado: “Los periódicos no son cómodos, contaminan bastante el medio ambiente, desforestan mucho… yo digo que somos zombies. Ya nos hemos muerto. Lo que pasa es que, como buenos zombies, nos negamos a pensar que estamos muertos”. Uno de los rasgos del discurso cebrianesco consiste en utilizar la primera persona del plural para referirse a los demás. Cuando dice “somos zombies” quiere decir sois zombies. Cuando perora “estamos muertos” quiere decir estáis muertos. Cuando después de embolsarse 13 millones de euros en 2011 sentencia “no podemos seguir viviendo tan bien” significa no podéis seguir viviendo tan bien. Y la solución que ha encontrado es la de cualquier empresario felón. Después de haber oficiado tres decenios como sumo pontífice de un sacerdocio que supuestamente nos trascendía y nos elevaba por encima de la condición de simples asalariados, Cebrián se dispone a arrojar por la borda a 110 periodistas y a otras 39 personas, según el principio de usar y tirar. Si en todos los casos la operación es miserable, hay situaciones particularmente sangrantes. El periódico va a dejar en la calle a la mayor parte de la plantilla del País Vasco. Muchos han atravesado los peores años de plomo del terrorismo de ETA, algunos han ido a trabajar con escolta; otros, después de haberse puesto a cuatro patas cada mañana para comprobar que en los bajos del coche no había ningún objeto extraño. Fueron útiles, pero ya no interesan. Se aplasta la lata entre los dedos y a la papelera. Pero lo peor del caso es que hasta en sus últimos estertores como crápula de la finanza (la plaga de la que están siendo víctimas innumerables empresas) Cebrián pretende envolverse en el manto de “la profesión” y el periodismo. El vídeo (del portal PR noticias) refleja su obsesión por el dinero, el vil metal.
En apenas unos segundos repite cuatro veces “mis emolumentos”, “mis emolumentos”, “unos emolumentos que recibí”, “los emolumentos que percibo” (minuto 1.35). Sus emolumentos, asegura, “son los habituales del mercado”. Pero lo tque ya no tiene nombre es lo que viene a continuación (minuto 1.57): “Soy uno de los pocos periodistas españoles que efectivamente tiene absoluta transparencia sobre los emolumentos que percibe”. ¿Pero qué demonios tiene que ver Cebrián hoy con el periodismo, aparte de ser su verdugo? Desdichado gestor de un grupo empresarial que ha conducido con mano de hierro hacia el naufragio, el antiguo periodista encarna una nueva versión del conquistador iluminado Lope de Aguirre. Liquidó por cualquier procedimiento a todos los que le hacían sombra, conquistó por eliminación el mando en solitario y ahora nos lleva, sin importarle las bajas, a una larga y oscura expedición hacia ninguna parte. 7-XI-2012 ———- El cuadro sobre las cuentas de Prisa y la escandalosa retribución de Juan Luis Cebrián fue publicado en la revista Mongolia.. En la misma revista pueden consultarse otros documentos relativos al caso. |
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