Picotazo


Santiago Carcar, periodista despedido de El País y accionista

de Prisa, a Cebrián: “Nunca va a dejar de ser un pobre hom­bre”

San­tiago Car­car es un perio­dista eco­nó­mico reco­no­cido y de larga tra­yec­to­ria. Fue des­pe­dido de El País con otros 128 tra­ba­ja­do­res el pasado invierno. Es, ade­más, accio­nista de Prisa, el grupo edi­tor del dia­rio. Según Perio­dista Digi­tal, el medio que difun­dió ini­cial­mente este video, invir­tió 42.000 euros en accio­nes de Prisa en 2000. Hoy su valor se ha divi­dido por más de mil. Salen por 40 euros. Car­car pidió a Juan Luis Cebrián en la junta gene­ral de accio­nis­tas cele­brada en Madrid el 22 de junio que se mar­che de una vez. Pero el ges­tor que ha lle­vado a la ruina la empresa y a sus accio­nis­tas anun­ció que seguirá, esplén­di­da­mente remu­ne­rado, eso sí, por lo menos hasta fina­les de 2015, cuando habrá cum­plido 71 pri­ma­ve­ras. Poco antes, en su dis­curso, con un sober­bio cinismo, había ase­gu­rado que el pro­blema de El País es la media de edad de su plan­ti­lla, de 53 años.

No vengo a que­jarme. A la Bolsa y de la Bolsa se va y se viene llo­rado. Vengo a exi­gir res­pon­sa­bi­li­da­des. Y vengo a exi­gir res­pon­sa­bi­li­da­des a quien creo que las tiene. Vaya por delante que no me gus­tan las crí­ti­cas al hom­bre. Y quiero ajus­tarme estric­ta­mente a este apar­tado que dice “rue­gos y pre­gun­tas”. Haré un ruego: señor Cebrián, aban­done, váyase. Y una pre­gunta: ¿por qué no lo ha hecho ya? 

Creo que merece la pena que me expli­que. Le decía que no me gus­tan las crí­ti­cas al hom­bre por­que creo que los gran­des desas­tres, lo mismo que los gran­des triun­fos, no son cosa de una per­sona. Usted no es el único res­pon­sa­ble de lo que ha suce­dido en el grupo, pero con­si­dero que en los últi­mos años sí ha tenido un papel deter­mi­nante en que este­mos donde esta­mos. Creo sin­ce­ra­mente que es usted un mal ges­tor. Que ha sido capaz de apli­car medi­das de ges­tión bru­ta­les que han dañado el grupo y per­ju­di­cado a los accio­nis­tas, y no ha sabido al mismo tiempo ser cohe­rente en el dis­curso que man­tiene con sus actos. Lo creo sin­ce­ra­mente.

Verá. Me va a per­mi­tir que le cite a un gran perio­dista, que escri­bió muchos años en El País. “Cebrián no es el res­pon­sa­ble de la cri­sis gene­ral de los

medios; agravó la de Prisa y la de El País. Al mismo tiempo se bene­fi­ció de ella; cobró como bom­bero y cobró como piró­mano”. Sus­cribo por entero la afir­ma­ción. Creo, Juan Luis Cebrián, que eso es un escán­dalo. Se lo diré muy bajito: un escán­dalo. No se puede estar en dos luga­res a la vez. 

Verá. Voy a citar tam­bién a un eco­no­mista que creo que le suena, John Ken­neth Gal­braith. En El nuevo estado indus­trial, pro­nos­ticó que lo que él deno­mi­naba la tec­noes­truc­tura, los ges­to­res, aca­ba­rían por apro­piarse y por domi­nar las empre­sas y qui­tar el poder a los accio­nis­tas. Acertó ple­na­mente. Yo creo que es usted un ejem­plo; un ejem­plo nota­ble, pero un ejem­plo. Uno más. Empre­sa­rial­mente, por emplear un tér­mino que usted aplicó en un artículo, creo que es un zombi; un zombi empre­sa­rial. Si no lo sabe, se lo digo yo. 

Le quiero decir algo más. Me va a per­mi­tir hacer de augur. Creo que usted jamás va a ser un hom­bre pobre, nunca; pero creo que tam­poco nunca va a dejar de ser un pobre hom­bre. Y la prueba es que tenga que escu­char lo que está escu­chando de mí, aquí y ahora. 

Muchas gra­cias por su aten­ción.


Periodistas vascos que han tenido que trabajar durante años

pro­te­gi­dos por escol­tas, des­pe­di­dos con un men­saje elec­tró­nico

Javier Moreno, director de El País

El direc­tor, Javier Moreno (foto), y el resto del equipo direc­tivo de El País, han dado una lec­ción de estilo per­so­nal y de altura pro­fe­sio­nal durante el des­pido de 129 per­so­nas. La redac­ción del País Vasco ha que­dado des­gua­zada. Perio­dis­tas que han estado en pri­mera línea de la ame­naza terro­rista y la han sufrido en carne pro­pia, que han tenido que ir a tra­ba­jar cada día con escolta, han sido expul­sa­dos de la plan­ti­lla mediante un men­saje de correo elec­tró­nico. Nadie se ha dig­nado dar­les siquiera un tele­fo­nazo. El vídeo, de PR Noti­cias, merece la pena com­pleto. Pero allá por el minuto 1.45 el tes­ti­mo­nio de Isa­bel Mar­tí­nez pro­duce esca­lo­fríos y una intensa ver­güenza ajena.


¡Fuera care­tas! Cebrián, antes perio­dista, ahora es liqui­da­dor por cuenta de un fondo bui­tre

Desde hace algu­nos años Juan Luis Cebrián ofi­cia de piloto de la nave Prisa. En sus manos está la barra del timón. Y tiene claro el rumbo. ¡A toda máquina! ¡Con­tra los acan­ti­la­dos!

Cuando falle­ció Jesús Polanco, en julio de 2007, la acción de Prisa coti­zaba por encima de 12,5 euros. La semana pasada cerró a 32,5 cén­ti­mos. Por el pre­cio de un perió­dico (1,30 euros) pue­den com­prarse cua­tro accio­nes. Cebrián ha arrui­nado a los accio­nis­tas, ha eva­po­rado el patri­mo­nio de la fami­lia Polanco, ha des­truido miles de pues­tos de tra­bajo, ha dete­rio­rado el fun­cio­na­miento de empre­sas eco­nó­mi­ca­mente flo­re­cien­tes y social­mente rele­van­tes, ha sepul­tado el grupo bajo el peso de una deuda inve­ro­sí­mil y pro­ba­ble­mente con­de­nada al impago y ha dejado de hecho el con­trol en manos de un fondo bui­tre esta­dou­ni­dense que gana dinero y per­cibe intere­ses aun­que el grupo cose­che pér­di­das y los accio­nis­tas vean vola­ti­li­zarse el valor de sus títu­los.


Muchos acto­res de la corrom­pida eco­no­mía finan­ciera con­tem­po­rá­nea han hecho alguna de estas cosas o incluso varias. Pero sería muy difí­cil encon­trar un ejem­plo seme­jante de alguien que las haya com­ple­tado todas a la vez y, de paso, se haya enri­que­cido a la vista de todos y sin el menor escrú­pulo.

El ver­da­dero dueño de Prisa es hoy el fondo bui­tre Liberty. Bui­tre, por­que se ali­menta de carroña. Con­si­gue una esplén­dida retri­bu­ción, como si fuera un pres­ta­mista, y ade­más ejerce el poder a título de accio­nista. Gana siem­pre. Para ren­ta­bi­li­zar la inver­sión, des­pi­dos masi­vos y demo­li­cio­nes. Si no fun­ciona, se ven­derá todo por pie­zas. El ideal es com­bi­nar ambas fór­mu­las.

A cam­bio de 650 millo­nes de euros esplén­di­da­mente retri­bui­dos (haya pér­di­das o ganan­cias), Nico­las Berg­gruen, el muñi­dor de Liberty, es el ver­da­dero dueño y señor de Prisa. Cebrián no ejerce ahora más que de cóm­plice y tes­ta­fe­rro. El resto de los accio­nis­tas no pinta nada y los ban­cos tocan madera a la espera de una impro­ba­ble recu­pe­ra­ción de su dinero. Mien­tras, con­si­guen rédi­tos infor­ma­ti­vos, en forma de escan­da­lo­sos favo­res en las pági­nas del dia­rio.

¿Cómo se ha podido lle­gar hasta aquí? Un endeu­da­miento des­ca­be­llado, con­traído para jugar en el capi­ta­lismo de casino, con­dena a las empre­sas de Prisa a pro­du­cir bene­fi­cios cuyo único des­tino es retri­buir a Berg­gruen y los suyos y liqui­dar intere­ses a los ban­cos. El fardo aplas­tante de la deuda priva a las com­pa­ñías del más mínimo mar­gen de manio­bra. En cuanto deja de fluir el cho­rro de los bene­fi­cios, un ter­cio de la plan­ti­lla a la calle, como pre­ten­den hacer en El País.

Cebrián lleva mucho tiempo haciendo de pres­ti­di­gi­ta­dor y mani­pu­lando la reali­dad sin que le tiem­blen la voz ni el pulso. Todos los que asis­ti­mos en 2010 a una reunión expli­ca­tiva sobre el futuro de Prisa en la cuarta planta del perió­dico recor­da­mos las pala­bras de un pre­si­dente risueño y que se pre­sen­taba, una vez más, como garante de la inte­gri­dad del grupo y de El País. “Hay un error de fondo, un error de bulto”, ase­gu­raba. “Se está hablando de que Liberty com­pra Prisa. No. Nada de eso. Noso­tros com­pra­mos Liberty”. 

Esta des­fa­cha­tez sin palia­ti­vos parece que se ha con­ver­tido en una segunda piel del per­so­naje. En la reunión de hace unas sema­nas con direc­ti­vos de El País, en la que pre­paró el terreno para el plan de des­pe­dir a un ter­cio de la plan­ti­lla, vol­vió a alzarse como mura­lla frente a la iniqui­dad. Recordó que había sido hace años con­se­jero del dia­rio bri­tá­nico The Inde­pen­dent. “Ahora”, dijo, “está en manos de un mafioso ruso. Jamás per­mi­tiré que El País caiga en manos seme­jan­tes”. Ejem­plar decla­ra­ción en boca del hom­bre que ven­dió la cadena de tele­vi­sión Cua­tro a Sil­vio Ber­lus­coni. La iniqui­dad ima­gi­na­ria, el mafioso ruso, hace de cor­tina de humo para inten­tar ocul­tar la iniqui­dad real, el político-delincuente ita­liano o el plan para des­man­te­lar la redac­ción de El País.

Muchos hemos cono­cido a Cebrián como perio­dista, bri­llante, uno de los gran­des de su gene­ra­ción. Queda el mis­te­rio. ¿Cual es el reco­rrido desde el perio­dismo a esa espe­cie de tibu­rón de bidé, de piraña finan­ciera en que se ha con­ver­tido el per­so­naje? Quizá algún día alguien con­siga expli­carlo.

Otro enigma, el afán auto­des­truc­tor. Eso sí, en cabeza ajena, por­que él está desde hace mucho tiempo en otra dimen­sión, la borra­chera del poder y del dinero. Cebrián ha dedi­cado parte de su tiempo en los últi­mos años a deni­grar los perió­di­cos y a los perio­dis­tas. ¿Cómo inter­pre­tan los psi­co­ana­lis­tas y los psi­quia­tras el odio que uno se pro­fesa a sí mismo o al lugar de donde viene? Uno de los últi­mos ejem­plos, una entre­vista en la revista en línea Jot­down, en marzo pasado: “Esto de la prensa, tal y como lo cono­cía­mos, se ha aca­bado. No que se va a aca­bar; que se ha aca­bado ya”.

Cebrián adopta abier­ta­mente el cri­te­rio del pijo cre­ti­noide para pegar fuego al nego­cio que le ha encum­brado: “Los perió­di­cos no son cómo­dos, con­ta­mi­nan bas­tante el medio ambiente, des­fo­res­tan mucho… yo digo que somos zom­bies. Ya nos hemos muerto. Lo que pasa es que, como bue­nos zom­bies, nos nega­mos a pen­sar que esta­mos muer­tos”.

Uno de los ras­gos del dis­curso cebria­nesco con­siste en uti­li­zar la pri­mera per­sona del plu­ral para refe­rirse a los demás. Cuando dice “somos zom­bies” quiere decir sois zom­bies. Cuando perora “esta­mos muer­tos” quiere decir estáis muer­tos. Cuando des­pués de embol­sarse 13 millo­nes de euros en 2011 sen­ten­cia “no pode­mos seguir viviendo tan bien” sig­ni­fica no podéis seguir viviendo tan bien.

Y la solu­ción que ha encon­trado es la de cual­quier empre­sa­rio felón. Des­pués de haber ofi­ciado tres dece­nios como sumo pon­tí­fice de un sacer­do­cio que supues­ta­mente nos tras­cen­día y nos ele­vaba por encima de la con­di­ción de sim­ples asa­la­ria­dos, Cebrián se dis­pone a arro­jar por la borda a 110 perio­dis­tas y a otras 39 per­so­nas, según el prin­ci­pio de usar y tirar.

Si en todos los casos la ope­ra­ción es mise­ra­ble, hay situa­cio­nes par­ti­cu­lar­mente san­gran­tes. El perió­dico va a dejar en la calle a la mayor parte de la plan­ti­lla del País Vasco. Muchos han atra­ve­sado los peo­res años de plomo del terro­rismo de ETA, algu­nos han ido a tra­ba­jar con escolta; otros, des­pués de haberse puesto a cua­tro patas cada mañana para com­pro­bar que en los bajos del coche no había nin­gún objeto extraño. Fue­ron úti­les, pero ya no intere­san. Se aplasta la lata entre los dedos y a la pape­lera.

Pero lo peor del caso es que hasta en sus últi­mos ester­to­res como crá­pula de la finanza (la plaga de la que están siendo víc­ti­mas innu­me­ra­bles empre­sas) Cebrián pre­tende envol­verse en el manto de “la pro­fe­sión” y el perio­dismo. El vídeo (del por­tal PR noti­cias) refleja su obse­sión por el dinero, el vil metal.

En ape­nas unos segun­dos repite cua­tro veces “mis emo­lu­men­tos”, “mis emo­lu­men­tos”, “unos emo­lu­men­tos que recibí”, “los emo­lu­men­tos que per­cibo” (minuto 1.35). Sus emo­lu­men­tos, ase­gura, “son los habi­tua­les del mer­cado”. Pero lo que ya no tiene nom­bre es lo que viene a con­ti­nua­ción (minuto 1.57): “Soy uno de los pocos perio­dis­tas espa­ño­les que efec­ti­va­mente tiene abso­luta trans­pa­ren­cia sobre los emo­lu­men­tos que per­cibe”.

¿Pero qué demo­nios tiene que ver Cebrián hoy con el perio­dismo, aparte de ser su ver­dugo?

Des­di­chado ges­tor de un grupo empre­sa­rial que ha con­du­cido con mano de hie­rro hacia el nau­fra­gio, el anti­guo perio­dista encarna una nueva ver­sión del con­quis­ta­dor ilu­mi­nado Lope de Agui­rre. Liquidó por cual­quier pro­ce­di­miento a todos los que le hacían som­bra, con­quistó por eli­mi­na­ción el mando en soli­ta­rio y ahora nos lleva, sin impor­tarle las bajas, a una larga y oscura expe­di­ción hacia nin­guna parte.

7-XI-2012

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El cua­dro sobre las cuen­tas de Prisa y la escan­da­losa retri­bu­ción de Juan Luis Cebrián fue publi­cado en la revista Mon­go­lia.. En la misma revista pue­den con­sul­tarse otros docu­men­tos rela­ti­vos al caso.


 

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